De entre todas las boludeces que uno lee cuando entra a Facebook, cada tanto ocurre que aparece un enlace o una nota muy interesante. No solo están las pendejadas de quién visita tu perfil, o la galleta de la fortuna y el trébol de cuatro hojas, entre otras cosas. Y es que hace unos días vi un enlace de un poema de Paulo Coelho que había leído hace un tiempo, y que se llama cerrando círculos.
Siempre es bueno recordarlo y tenerlo en cuenta. Y me hizo acordar además a un libro que se llama “el poder del ahora” de Eckhart Tolle, porque justamente habla del ego. Son de esos libros que uno empieza y lo abandona unas mil veces, y que después de muchas idas y venidas finalmente se embala y lo termina. Por ende no sabría si recomendarlo o no, creería que el modo en el que está escrito y planteado es para que ocurra eso, sabiendo el autor que con el tiempo uno termina comprendiendo y asimilando las cosas. En fin, les transcribo el poema:
“Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó tu trabajo? ¿Se acabó tu relación? ¿Ya no vives más en esa casa? ¿Debes irte de viaje? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.
Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente...
El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú... Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte.
La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.
Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.
Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!”
Se me hace muy difícil emitir algún comentario al respecto, púes habla por si solo.
Una de las cosas que he aprendido en mi corta vida es que hay que evitar aferrarse de un modo patológico a las cosas. Claro, es fácil decirlo, más fácil apegarse y muy difícil despegarse, retomar las riendas, asumir la propia realidad.
Estoy seguro que a todos nos ha pasado en alguna oportunidad de ver a amigos o conocidos (y claro está, a nosotros mismos) renegando de su pasado, cargando con la sombra de relaciones anteriores que ya terminaron, o con otras que no pudieron ser.
Según Joaquín, “el agua apaga el fuego, y al ardor los años…”
Y justamente los años, o el tiempo, demuestran que simplemente en ciertos momentos hay aprendizajes con ciertas personas y situaciones, pero que nada ni nadie nos pertenece, y en algún momento puede terminar. De nada sirve forzar las cosas o querer aferrarse a un determinado punto de vista. En “el poder del ahora” se habla que esto es una ilusión del ego, que cree que algo nos pertenece, que es un adhesivo o forma parte de nosotros. No solo eso, sino que además ese adhesivo ahora nos resulta indispensable para la subsistencia, para sobrevivir. Y da el ejemplo de las personas que suelen decir “no puedo seguir viviendo sin ella/el”. ¿Si antes de conocerla/o vivías perfectamente, porqué ahora no habrías de hacerlo? Hay que empezar de nuevo, y asumir la vida sin ellas pero con los aprendizajes que te han dejado. El autor plantea que hay personas que nunca se van poder olvidar, y déjenme decirles que si me remito a los hechos, es probable que sea muy cierto.
El estancamiento es algo de lo cual muchos somos víctimas (y me incluyo, por supuesto). Es algo que no te permite ver lo que tienes al frente, no te permite ver al futuro, solo te permite anhelar repetir lo que ya ha pasado por tu vida. Nos quita creatividad y nos engaña haciéndonos creer que la vida no cambia, y que las conductas son repetitivas, como un hechizo, o una fuerza extraña de la naturaleza que hace que siempre sigamos en el mismo camino. Esas son todas estupideces. Hay que lograr un cambio de paradigma para evitar tener un mirada sesgada de la realidad, y que nos permita operar lo cambios necesarios para tener un panorama objetivo y cierto.
Una vez un amigo me comentaba algo de la revolución cubana. Y lo interrumpí diciendo “¿de revolución me estas hablando? Una revolución se desarrolla en un corto período de tiempo, y si no estoy loco, los cubanos llevan más de 50 años de “revolución”. En todo caso es una evolución, pero como en realidad están peor que antes, entonces es una involución”. Esta pequeña anécdota me sirve para reflexionar si lo que nosotros queremos para nuestra vida en el largo plazo es una involución o una evolución, que justamente es lo contrario al estancamiento. Entender que los cambios, afortunadamente (si, afortunadamente) llevan tiempo, nos llevan a conocernos más, a saber más acerca de nosotros mismos, acerca de los demás y de las circunstancias.
La evolución nos permite saber qué cosas vamos a aceptar y que no, que cosas queremos y que cosas vamos a eliminar de nuestra vida. Hay una frase que me gusta mucho y que trato de ponerla en práctica constantemente: “no negocio contra mí mismo”. Porque desde el momento en que lo hago, pierdo el control emocional de mi propia vida. La evolución permite abrirte a nuevas posibilidades, a lo impredecible, a lo espontáneo, o lo genuino. Y muchas veces sin darnos cuenta, eso es lo que estamos buscando.
Cuando uno se equivoca tiene que aprender del error, permitirse sentirse mal quizá por un tiempo, hacer el duelo, y darse la oportunidad de superarlo para seguir adelante, haciendo un compromiso consigo mismo de no volver a caer en la misma trampa, y de procurar ver las cosas desde otra perspectiva. Porque ya tenemos los recursos y las herramientas, ya sabemos lo que queremos y como lograrlo.
Empezar nuevamente, pero no desde el comienzo, porque queramos o no, tenemos una historia pasada, un background, que nos marcó (para bien o para mal), que no podemos ignorar y mucho menos cambiar, pero que si tenemos el poder de decidir que vamos a hacer con eso. Lo que ocurre no es lo importante, porque lo que ocurre nos ocurre a todos, lo importante es como reaccionamos frente a eso que nos ocurre.
Si nos quitamos las vendas de los ojos y aceptamos que hay que irse, que ya no debemos estar ahí, que hay que dejar ir, vamos por buen camino. Hay que aceptar la libertad de los otros y que no podemos pretender controlarlo todo. Hay un cierto margen de influencia en nuestros actos que nos excede, porque el cambio que podemos operar con ellos es indirecto (en otras personas) o inexistente (en cosas que no controlamos).
No guardemos rencores. No ansiemos volver al vivir el pasado. Vivamos minuto a minuto y aprendamos a saber cuándo debemos movernos y tomar un nuevo camino.
Aprendamos a vivir con eso… pero, ¿podremos vivir con eso?