Buscar este blog

miércoles, 20 de julio de 2011

Sobre la amistad entre el hombre y la mujer.

Que levante la mano el que nunca ha hablado con su grupo de amig@s del sexo opuesto sobre la existencia de la amistad (genuina y desinteresada desde el plano estrictamente sexual, claro está) entre el hombre y la mujer…
Pues yo si lo he hecho, y en más de una oportunidad. Con resultados variados, puntos de vistas diferentes, y cambios de opinión (propios y ajenos) con respecto a los paradigmas y creencias personales de cada uno de los involucrados.
Recuerdo una oportunidad, hace ya algunos años (en la que habré tenido no más de 18 años de edad) que me encontraba en la casa de mis abuelos. Entonces me dirijo al nono, viejo lobo si los hay, para formularle una pregunta que marcó mi vida…
Yo: “abuelo, tengo que hacerte una pregunta casi existencial… ¿vos crees en la amistad entre el hombre y la mujer?”
Abuelo: “a mi edad sí, a la tuya no…”
Fin de la historia. Fue tan contundente y clara su respuesta, que no tenía el más mínimo sentido seguir con la charla. Confieso que fue una experiencia única. Algo tan simple como revelador. Después de eso, todo fue más fácil.
Sinceramente creo que una persona exitosa, ambiciosa (en el buen sentido de la palabra),  y que busca su realización personal, tiene tanto amig@s hombres como mujeres por igual, pues es una comunidad mixta, en la que hay espacio tanto para tus amigos hombres como para tus amigas mujeres. Me causaba mucha gracia cuando los padres y los mismos alumnos del colegio Montserrat se oponían a que el mismo se hiciera mixto. Que pensamiento más mezquino y retrógrado…
Y aquí abro un paréntesis. Lo que he aprendido en el tema de la seducción (no solo referido a fines románticos) lo he aprendido sobre todo escuchando a mujeres, más que estando con hombres. Personalmente creo que resulta básico y fundamental conocer a las mujeres, cómo piensan, qué dicen, qué hacen, escuchar cómo hablan de sus relaciones, de sus novios, de sus amigos, de sus jefes, de sus amores platónicos, etc. Son ellas las que dan una retroalimentación más que interesante y una perspectiva diferente de muchos ámbitos de la vida. Fin del paréntesis.
Ahora, si me encuentro en una etapa cercana al pensamiento de un hombre con la edad de mi abuelo, o al pensamiento de un mocoso de 18 años, lo dejo a criterio de quien quiera sacar sus propias conclusiones…
De mi parte no tengo más de que decirles:
SALUD AMIGAS!!!

domingo, 17 de julio de 2011

¿Midamos la felicidad?

Desde que el hombre es hombre, ha intentado de muchas maneras controlar la naturaleza mediante la ciencia y la técnica. Y en esa loca carrera por controlar el destino, nos hemos ido obsesionando con las mediciones. De hecho, rápidamente el arte de medir se convirtió en una herramienta clave de poder. El detalle y la exactitud se hicieron regla. Pasamos de saber cuántos somos, a cual es el corte de carne preferido de los habitantes de la zona sur de la ciudad.

Pero ya con eso no nos alcanza. Lo mundano ya no nos resulta atractivo, y es por eso que le damos una vuelta de tuerca más al asunto. He escuchado desde hace un tiempo que varios dirigentes de los países del viejo continente están interesados en medir la felicidad de sus habitantes. Más allá de querer saber cómo sería el mecanismo de medición, universidades como Harvard, pasando por el primer ministro inglés James Cameron, y hasta el presidente francés Nicolás Sarkozy consideran que las oficinas de estadísticas ya no solo deben medir la inflación, sino además la felicidad de los ciudadanos mes a mes.

Imagínense recibiendo al censista y respondiendo a la pregunta ¿se siente usted feliz?, para lo cual primero deberíamos plantearnos que entendemos por felicidad, lo que nos demandaría varias carillas de reflexiones tratar de llegar a una conclusión.

Entonces llegaríamos a la paradoja de definir o decidir nuestras acciones en función de mediciones. De datos y de números. Y métodos de medición y análisis sobran…

Ya nadie se va a enojar ni va hacer planteos conflictivos cuando tengamos que decidir entre dos opciones:

“Amor, hoy salgo con los chicos. Hice el análisis y si salgo con vos me da la TIR negativa. Es inviable, no me conviene...”

“Banda, hoy no puedo ir a jugar al futbol. El período de recuperación de capital es muy alto, así que no me conviene. Mejor me voy al cine con mi novia…”

“Qué mal la  selección Argentina. Si hubiera ganado la Copa América, todos nosotros nos sentiríamos más felices, por lo tanto estaríamos más contentos, trabajaríamos con más ganas, seríamos más eficientes y produciríamos más, y por lo tanto mejoraría nuestra economía. En ese sentido, es bueno para la economía de Córdoba que haya ascendido Belgrano. En fin, una de cal y una de arena…”

Nos pasaríamos la vida analizando números, datos, calculando indicadores y evaluando alternativas para ser más felices, sin entender que la felicidad no es un destino, ni un proyecto que se planifica a largo plazo, sino un sentimiento debido a un estado personal en el que se es consecuente con los propios valores y principios. No se puede ser feliz todo el tiempo, todos los días, las 24hs del día. Pero si se puede serlo la mayor parte de ese tiempo.

Así que propongamos que los parámetros para medir nuestra felicidad sean nuestros y no impuestos por lo socialmente bien visto y aceptado. De esta manera, cuando recibamos al censista sabiendo la pregunta que nos va a formular, podamos recibirlo con una auténtica y bien lograda sonrisa…


domingo, 26 de junio de 2011

Reflexiones sobre los ex y las redes sociales.

ex.
(De ex, prep. lat).
1. adj. Que fue y ha dejado de serlo. Ex ministro, ex marido.
2. com. Persona que ha dejado de ser cónyuge o pareja sentimental de otra.

Esa es la definición que da la RAE, ni más ni menos. Y me preguntaba hablando con algunas amigas, porqué las mujeres se sienten tan identificadas con ese volver al pasado, aunque debo confesar que también hay muchos hombres en la misma situación. Inmediatamente me surgió una posible respuesta, muy sencilla: todos tenemos un muerto en el placard, todos llevamos a cuesta en algún momento  de nuestras vidas los fantasmas de los ex, o de relaciones que no pudieron ser.
Pero no me quedé con ese análisis simplista, y fui más allá. Me pregunté cuantas de las mujeres que pasaron por mi vída irían a mi velorio, a darme el último adiós. No sé si el común de los mortales se hace esta pregunta, pero me parece muy pertinente, porque habla de cuanto le importamos a esa otra persona, que en algún momento de nuestra vida fue importante para nosotros. No pretendo que vengan todas, sabemos muy bien que en algunas ocasiones metimos la pata bien hasta el fondo, y no hay solución posible. Pero en cierta forma, habla de nosotros como personas, como ser humano, y si bien tomamos caminos diferentes, probablemente algo bueno dejamos en esa otra persona, y nos tiene cierto aprecio, quizá respeto.

En cuanto a las redes sociales, creo que hay algo innegable: hoy por hoy, en la era de hiperconexión virtual, en la que todo el mundo está al alcance de un click, estos fantasmas sobrevuelan la pantalla de la computadora. Que levante la mano el que nunca haya chusmeado en las redes sociales el perfil de aquella novia o novio de la primaria, para saber que fue de la vida de su primer amor, si se transformó en una top model, o en una señorita no muy agraciada físicamente… y les transcribo una nota muy interesante que leí hace un tiempo.
“Hace poco, dos amigos se divorciaron. Me lo contó una conocida en común y lo confirmé por Facebook cuando vi que en donde antes decía "casado" ahora no había nada. Como se consideraban dos personas sabias y tenían dos hijos en común, decidieron seguir siendo "amigos" y tomarse la ruptura no como una pelea sino como "una bifurcación en sus caminos". O algo así le dijeron a todo el mundo.

Unos meses después, sin embargo, él empezó a salir con otra chica. Por discreción no habló del tema ni siquiera con su familia, pero su nueva novia (que también estaba en Facebook) subió las fotos de su cumpleaños, lo etiquetó en eventos a los que fueron juntos, habló de él en su timeline de Twitter, e incluso puso una foto de ella sentada a upa de él en su perfil.

Desde entonces, mi amiga pudo seguir toda la nueva vida de su ex marido como si la estuviera viendo en la tele. Aunque no lo buscara, su ex se le aparecía en las actualizaciones de Facebook todos los días. Leía los mensajes de sus colegas emocionados con la nueva pareja, los de la chica comentando lo que habían visto juntos en el cine, o de los parientes que él le había presentado el fin de semana anterior. Cada vez que la nueva novia lo etiquetaba en algo, automáticamente salía en su perfil: " Nueva novia etiquetó a Ex marido en una foto", " Nueva novia dice que le gusta esto", " Ex marido dice que le gusta lo otro", " Nueva novia es una gata. ¿Qué clase de animal serías tú?"

Podría haber cerrado su cuenta, es verdad, pero la tentación de hacer click y mirar era tan grande como la angustia que venía después. Tampoco tenía muchas alternativas. Quedaba mal bloquear al padre de sus hijos (¡que también tenían perfil de Facebook!) y no tenía ganas de ser una ex mujer despechada, así que se aguantó en silencio verlos besarse en el cumpleaños, leer los comentarios románticos de ella, y ser testigo de todas las salidas que registraban en foto.

Con el tiempo, mi amiga empezó a pasar noches enteras frente a la notebook, con una copa de vino en la mano, recorriendo las mismas fotos en busca de detalles para hacerse malasangre. Fueron de camping. De viaje a Colonia en fin de semana. La ayudó a mudarse. Le llevó el desayuno a la cama el Día de la Traductora. Todo, en su cara, todos los días, como una trompada en loop que no terminaba nunca.

Facebook es, no sólo una red social, sino una máquina del tiempo. Podés viajar a tu infancia y ver lo hecho bolsa está tu primer novio, comprobar si fracasaron los matoncitos de la secundaria, recuperar parientes lejanos, o adelantarte y averiguar datos sobre una persona que van a presentarte el próximo fin de semana para salir.

Facebook está sólo en presente. Las ex parejas, los ex jefes, los ex amigos están siempre ahí, saludando en las fotos, en los eventos a los que estás invitado, en los muros de tus conocidos. Como Terminator, no desaparecen, no se los traga la tierra, no dan nunca el portazo. Viven volviendo, siendo, existiendo detrás de cada aplicación, de cada click, de cada juego, aunque afuera de la computadora ya no estén.

Las redes sociales hicieron el "hasta nunca" imposible. ¿Cómo no desterrar de tu vida a alguien que tiene tus mismos contactos si ellos le hablan todo el tiempo? ¿Cómo dejar atrás los recuerdos de un ex que coincide en todas tus preferencias, que se suscribe a las mismas páginas de música, que dice cosas inteligentes en su perfil? ¡Si está ahí, a uno o dos clicks de distancia, en el muro de un viejo amigo en común!

Afuera, en el mundo real, quizás la gente se separe y nunca vuelva a verse. El novio que te deja para irse a vivir afuera no existe más. Se sube a un avión y está en otro país, hablando otra lengua, a quince mil kilómetros de distancia, con otro número de teléfono, otra dirección, otros conocidos. Adentro de Facebook, para bien o para mal, ese novio viajero es tu vecino para siempre.”

Por lo tanto, si hay algo que me quedó bien claro después de todo este análisis, es que el agua moja, el cielo es azul, y la vida es demasiado corta como para desperdiciarla rindiendo culto a los muertos. Creo que está bueno perdonarse y perdonarle al otro los errores cometidos durante el vínculo. Es parte de la evolución equivocarse, tratar de aprender y seguir adelante.
Así que de mi parte, los muertos no reciben ningún tributo. Yo mejor apuesto a los vivos…

MF

domingo, 8 de mayo de 2011

Vail, siempre Vail...

“…que al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver” sentencia el maestro Sabina en la canción Peces de ciudad… vaya difícil empresa cuando se trata de la fabulosa ciudad de Vail, en donde sin duda alguna, he pasado uno de los momentos más felices de mi vida.

Y es que justamente estos días en donde se estuvo revolviendo el cajón de los recuerdos, uno no puede evitar sentirse un poco melancólico, nostálgico…

-Mente: Pero Martín, era parte del trato, se iba a terminar en 4 meses, e ibas a volver a tu realidad en Córdoba.
-Martín: Sí, pero me engañaron. Me siento estafado. Nadie me dijo que allá iba a sentir una felicidad plena, que iba a conocer la gente que conocí, y que iba a vivir las experiencias que viví… nadie me lo aclaró…
-Mente: ese es tu problema. Nadie tenía por qué hacerlo… 

Y durante todo el año siguiente, esos fueron mis sentimientos, mis sensaciones.

Por qué Vail? Porque cuando fui a la oficina de Weusa para averiguar en qué consiste esto de Work and Travel allá por el año 2006, con 20 mocosos años de edad, alguien por ahí nombro la ciudad, y dijo que se estaba poniendo de moda… quiso el destino que así fuera…

Y allá fuimos, finalmente partimos. Llegamos a Denver, no sin antes perder el vuelo de conexión Atlanta-Denver, porque se juntaron 3 vuelos y en migraciones hubo una cola de más de 500 personas… y ahora, como vamos a Vail?, estamos a 2hs de viajer. Pues alquilemos una camioneta!! Grave error, sino que les cuente Marquitos…

Salimos del aeropuerto sin saber siquiera si teníamos que doblar a la derecha o a la izquierda. Eso resume nuestra experiencia a lo largo de todo el viaje.

The Roost Lodge, difíciles comienzos. Levantarse temprano, leer el diario, hacer algunas llamadas telefónicas (con el nerviosismo y la falta de fluidez en el idioma) y empezar a caminar y caminar. Se acabó otro día, y las cosas siguen iguales. No tengo trabajo, y tampoco casa definitiva. Pero llego a mi habitación, en donde hay solo 2 camas y no menos de 15 valijas, y me encuentro con gente que al menos por un rato, me hace olvidar las preocupaciones. Charlas, ideas, novedades. Viendo peleas de “vale todo” en la tele mientras tomamos un buen Fernet que no olvidamos llevar desde Argentina. Fueron 7 días. 7 largos, eternosssssssssssssssssss días. Pero finalmente, todo parecía ir tomando forma. Llegaron las fiestas,  una navidad y un año nuevo, sin duda alguna, totalmente diferentes.

Empezó enero. Empezó realmente el viaje. Oficinas, jacuzzi, Cascade Resort & Spa, Schedule, siesta, Highway, Transportation Center, Golden peak,  Sky bar, West Vail, Charter Sports, Avon, Valet, Vail Sports, 8150, gym, snowboard, Ford park, Blue sky, Chair 5, Lionshead, HR office, Pepsi Center, passport, Intown, Vail Village, Cover Bridge Store, Starbucks, desayunos, sky pass, chicken wings, coors light, eco pass…

El “Martin, what are you doing, come here!!”de Bob, la rosarina que me tiraba onda y luego me histeriqueaba en Sandbar, Víctor recriminándome que no me había afeitado, Santi haciendose el gil y quedándose con propinas nuestras, Mildren enojada porque hacíamos muchas horas extras, Angoro llamandonos por radio y nosotros durmiendo con resaca, careteandola en “take five” para poder comer dos veces el mismo día, y un sinfín de historias y anécdotas, que lamentablemente no puedo seguir detallando. 

Me llevo lo mejor de lo mejor. Me llevo gente, me llevo amigos, me llevo experiencias y aprendizajes invaluables. A muchos de ellos no los he vuelto a ver, o no veo con tanta frecuencia, pero han marcado mi vida. “Recuerdos que no voy a olvidar, personas que me quiero llevar…”

Ah, y obviamente, al lugar donde fui feliz, definitivamente si que volví… y por segunda vez, se equivocó Joaquín.


sábado, 30 de abril de 2011

Cerrando Círculos.

De entre todas las boludeces que uno lee cuando entra a Facebook, cada tanto ocurre que aparece un enlace o una nota muy interesante. No solo están las pendejadas de quién visita tu perfil, o la galleta de la fortuna y el trébol de cuatro hojas, entre otras cosas. Y es que hace unos días vi un enlace de un poema de Paulo Coelho que había leído hace un tiempo, y que se llama cerrando círculos.

Siempre es bueno recordarlo y tenerlo en cuenta. Y me hizo acordar además a un libro que se llama “el poder del ahora” de Eckhart Tolle, porque justamente habla del ego. Son de esos libros que uno empieza y lo abandona unas mil veces, y que después de muchas idas y venidas finalmente se embala y lo termina. Por ende no sabría si recomendarlo o no, creería que el modo en el que está escrito y planteado es para que ocurra eso, sabiendo el autor que con el tiempo uno termina comprendiendo y asimilando las cosas. En fin, les transcribo el poema:

“Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo? ¿Se acabó tu relación? ¿Ya no vives más en esa casa? ¿Debes irte de viaje? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!

Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.
Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.

Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente...
El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú... Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.

Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.

Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.
Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!”

Se me hace muy difícil emitir algún comentario al respecto, púes habla por si solo.

Una de las cosas que he aprendido en mi corta vida es que hay que evitar aferrarse de un modo patológico a las cosas. Claro, es fácil decirlo, más fácil apegarse y muy difícil despegarse, retomar las riendas, asumir la propia realidad.

Estoy seguro que a todos nos ha pasado en alguna oportunidad de ver a amigos o conocidos (y claro está, a nosotros mismos) renegando de su pasado, cargando con la sombra de relaciones anteriores que ya terminaron, o con otras que no pudieron ser.

Según Joaquín, “el agua apaga el fuego, y al ardor los años…”

Y justamente los años, o el tiempo, demuestran que simplemente en ciertos momentos hay aprendizajes con ciertas personas y situaciones, pero que nada ni nadie nos pertenece, y en algún momento puede terminar. De nada sirve forzar las cosas o querer aferrarse a un determinado punto de vista. En “el poder del ahora” se habla que esto es una ilusión del ego, que cree que algo nos pertenece, que es un adhesivo o forma parte de nosotros. No solo eso, sino que además ese adhesivo ahora nos resulta indispensable para la subsistencia, para sobrevivir. Y da el ejemplo de las personas que suelen decir “no puedo seguir viviendo sin ella/el”. ¿Si antes de conocerla/o vivías perfectamente, porqué ahora no habrías de hacerlo?  Hay que empezar de nuevo, y asumir la vida sin ellas pero con los aprendizajes que te han dejado. El autor plantea que hay personas que nunca se van poder olvidar, y déjenme decirles que si me remito a los hechos, es probable que sea muy cierto.

El estancamiento es algo de lo cual muchos somos víctimas (y me incluyo, por supuesto). Es algo que no te permite ver lo que tienes al frente, no te permite ver al futuro, solo te permite anhelar repetir lo que ya ha pasado por tu vida. Nos quita creatividad y nos engaña haciéndonos creer que la vida no cambia, y que las conductas son repetitivas, como un hechizo, o una fuerza extraña de la naturaleza que hace que siempre sigamos en el mismo camino. Esas son todas estupideces. Hay que lograr un cambio de paradigma para evitar tener un mirada sesgada de la realidad, y que nos permita operar lo cambios necesarios para tener un panorama objetivo y cierto.

Una vez un amigo me comentaba algo de la revolución cubana. Y lo interrumpí diciendo “¿de revolución me estas hablando? Una revolución se desarrolla en un corto período de tiempo, y si no estoy loco, los cubanos llevan más de 50 años de “revolución”. En todo caso es una evolución, pero como en realidad están peor que antes, entonces es una involución”. Esta pequeña anécdota me sirve para reflexionar si lo que nosotros queremos para nuestra vida en el largo plazo es una involución o una evolución, que justamente es lo contrario al estancamiento. Entender que los cambios, afortunadamente (si, afortunadamente) llevan tiempo, nos llevan a conocernos más, a saber más acerca de nosotros mismos, acerca de los demás y de las circunstancias.

La evolución nos permite saber qué cosas vamos a aceptar y que no, que cosas queremos y que cosas vamos a eliminar de nuestra vida. Hay una frase que me gusta mucho y que trato de ponerla en práctica constantemente: “no negocio contra mí mismo”. Porque desde el momento en que lo hago, pierdo el control emocional de mi propia vida. La evolución permite abrirte a nuevas posibilidades, a lo impredecible, a lo espontáneo, o lo genuino. Y muchas veces sin darnos cuenta, eso es lo que estamos buscando.

Cuando uno se equivoca tiene que aprender del error, permitirse sentirse mal quizá por un tiempo, hacer el duelo, y darse la oportunidad de superarlo para seguir adelante, haciendo un compromiso consigo mismo de no volver a caer en la misma trampa, y de procurar ver las cosas desde otra perspectiva. Porque ya tenemos los recursos y las herramientas, ya sabemos lo que queremos y como lograrlo.
Empezar nuevamente, pero no desde el comienzo, porque queramos o no, tenemos una historia pasada, un background, que nos marcó (para bien o para mal), que no podemos ignorar y mucho menos cambiar, pero que si tenemos el poder de decidir que vamos a hacer con eso. Lo que ocurre no es lo importante, porque lo que ocurre nos ocurre a todos, lo importante es como reaccionamos frente a eso que nos ocurre.

Si nos quitamos las vendas de los ojos y aceptamos que hay que irse, que ya no debemos estar ahí, que hay que dejar ir, vamos por buen camino. Hay que aceptar la libertad de los otros y que no podemos pretender controlarlo todo. Hay un cierto margen de influencia en nuestros actos que nos excede, porque el cambio que podemos operar con ellos es indirecto (en otras personas) o inexistente (en cosas que no controlamos).


No guardemos rencores. No ansiemos volver al vivir el pasado. Vivamos minuto a minuto y aprendamos a saber cuándo debemos movernos y tomar un nuevo camino.

Aprendamos a vivir con eso… pero, ¿podremos vivir con eso?


domingo, 24 de abril de 2011

Amores de barra.

Son de esas noches que se dan cada tanto, en la que me decido a no hablar tanto sino a actuar. A hacer y punto. Cuando lo comento en algún grupo, suele ocurrir que no me creen, pero es cierto. Salgo a bailar solo. A veces me gusta estar solo, y hacer lo que me viene en ganas. Hace un par de semanas ocurrió nuevamente. 3 am de la mañana, paso la por la puerta de un boliche de moda por nueva córdoba, lleno de gente, y dicen que no entra más nadie. Imposible entrar sin contactos. Y no los tengo. Entonces me doy cuenta que estoy solo, un punto a favor. Planeo una estrategia y la ejecuto. Le pregunto al policía de la puerta quién de los públicas estaba esa noche.
Yo - “ hola amigo, está Josecito o Juancito hoy?”
Policía: -“Quienes? Están fulano y mengano, entran y salen a cada rato”
Listo, ya tengo dos nombres. Ahora a escuchar un poco.
Sale uno de estos personajes, y alguien lo llama por el nombre. Identificado.
Yo – “Fulano, cómo estás? Soy amigo de xxxxxxx, seguro ya está adentro, yo me demoré, estoy solo, me hacés pasar?
Fulano me mira por unos instantes, definitivamente no le resulto una cara familiar, pero la historia parece convincente.
Fulano - “vos solo estás?
Yo – “si”
Fulano, mirando al de la entrada – “que pase el solo”
Los cinco minutos de trabajo de inteligencia tuvieron su rédito.
Entro, y recorro tranquilamente las instalaciones, observando un poco el panorama mientras me dirijo al baño. Charlo con uno u otro escabio que está en el baño, y siempre tienen algo para decirte. Me dirijo a la barra a comprarme una cerveza. No me puedo quedar mucho tiempo solo, tengo que mimetizarme en el ambiente. Luego de unos minutos, veo una chica sentada, con el celular en la mano, y cara de aburrida. Me acerco y me siento al lado, y le comento a que se debe esa situación. Se sonríe, y me dice que está un poco cansada y está esperando a la amiga que fue al baño. Qué cosa curiosa pienso, siempre las mujeres van de a dos al baño. En fin, al rato vuelve la amiga, nos paramos y seguimos charlando. Mientras tanto me ubico de modo tal de poder enfrentar la cancha y seguir observando con detenimiento lo que acontece a mi alrededor. De repente aparece ella. Definitivamente es lo que estaba buscando. La miro un rato, hasta que se da cuenta de ello. Sigo con mi charla con las dos amigas, pero ya más pensando en ella que en la conversación. La vuelvo a mirar, y casualmente cruzamos las miradas. Intento transmitirle: “si, me gustás, en breve voy por vos”. Me coquetea, se hace la que no vio nada, se acomoda el pelo, le comenta algo al oído a una de sus amigas.
La situación me hace acordar a una canción de un grupo que tuvo su momento de fama en la década de los noventa: “Ella baila sola”. La canción, “amores de barra”
“te comparo con el resto del ganado y decido dar un paso más...”
Y en buena hora que lo doy. Saludo a “mis amigas” de charla, y me voy. Gracias por los servicios prestados…

“Te has llevado solo lo que yo quería
me has dejado bailando bajo la luz del día
solo ha sido la historia
que se acaba cuando sale el sol
y así es mejor...
Amores de barra, y
un lápiz de labios mal puesto en el baño
colirio en los ojos, pegote de rimel, la copa en la mano
y vuelvo a tu lado...

Calculando no acercarme demasiado
planeando la manera de manejar tus manos
te comparo con el resto del ganado y decido dar
un paso mas...

Amores de barra...

Son las dos y hasta las cinco te utilizare
no hace falta que mañana te vuelva a ver
solo un coche necesito para volver
chao cariño esta noche lo he pasado bien…

Amores de barra...”

Para ver video de Amores de barra en youtube click aquí.

sábado, 23 de abril de 2011

Me cansé.

Y sí, algunas veces uno se cansa. Dice basta, hasta aquí llego. No tengo más ganas. Porque hay días en los que simplemente está nublado, y uno tiene que aprender que contra eso no se puede hacer nada. Hay un cierto margen de influencia que nos excede porque el cambio que hacemos es indirecto (sobre otras personas) o inexistente (sobre cosas que no controlamos), y no nos queda más que aceptar el tropiezo y comenzar un nuevo día buscando una nueva motivación.

Por lo pronto me cansé de lo mismo de siempre.
Me cansé del día, y me cansé de la noche.
Me cansé del sol, y me cansé de la luna.
Me cansé de dormir, y me cansé de estar despierto.
Me cansé de vivir en sociedad, y me cansé de estar solo.
Me cansé de la música, y me cansé del silencio.
Me cansé de las mujeres, y me cansé de los hombres.
Me cansé de las rubias, y me cansé de las morochas.
Me cansé de los de River, y me cansé de los de Boca.
Me cansé de los peronistas, y me cansé de los radicales.
En fin, me cansé de cansarme. Me cansé de estar cansado.

Así que analizando esta frase, me dije: - "he aquí la solución". Es interesante ver que a veces uno encuentra la respuesta en donde menos espera encontrarla. Si ya estoy cansado de todo, pues ya no me puedo cansar de más nada. La capacidad de cansarme esta colmada. No más cansancio.

- Que alentador!!, me dije a mí mismo.
- Ya no me puedo cansar más!!
A partir de ahora, no más cansancio. A partir de ahora, comienza una nueva etapa, un nuevo camino. Y eso de los nuevos comienzos, siempre es motivador…

Porque según Ivancito:

“Meta vivir
Meta insistir
Hasta que un milagro muerda el anzuelo
Acá en la proa...
Si afloja este viento en la proa…
Si afloja este viento en la proa…”