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domingo, 8 de mayo de 2011

Vail, siempre Vail...

“…que al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver” sentencia el maestro Sabina en la canción Peces de ciudad… vaya difícil empresa cuando se trata de la fabulosa ciudad de Vail, en donde sin duda alguna, he pasado uno de los momentos más felices de mi vida.

Y es que justamente estos días en donde se estuvo revolviendo el cajón de los recuerdos, uno no puede evitar sentirse un poco melancólico, nostálgico…

-Mente: Pero Martín, era parte del trato, se iba a terminar en 4 meses, e ibas a volver a tu realidad en Córdoba.
-Martín: Sí, pero me engañaron. Me siento estafado. Nadie me dijo que allá iba a sentir una felicidad plena, que iba a conocer la gente que conocí, y que iba a vivir las experiencias que viví… nadie me lo aclaró…
-Mente: ese es tu problema. Nadie tenía por qué hacerlo… 

Y durante todo el año siguiente, esos fueron mis sentimientos, mis sensaciones.

Por qué Vail? Porque cuando fui a la oficina de Weusa para averiguar en qué consiste esto de Work and Travel allá por el año 2006, con 20 mocosos años de edad, alguien por ahí nombro la ciudad, y dijo que se estaba poniendo de moda… quiso el destino que así fuera…

Y allá fuimos, finalmente partimos. Llegamos a Denver, no sin antes perder el vuelo de conexión Atlanta-Denver, porque se juntaron 3 vuelos y en migraciones hubo una cola de más de 500 personas… y ahora, como vamos a Vail?, estamos a 2hs de viajer. Pues alquilemos una camioneta!! Grave error, sino que les cuente Marquitos…

Salimos del aeropuerto sin saber siquiera si teníamos que doblar a la derecha o a la izquierda. Eso resume nuestra experiencia a lo largo de todo el viaje.

The Roost Lodge, difíciles comienzos. Levantarse temprano, leer el diario, hacer algunas llamadas telefónicas (con el nerviosismo y la falta de fluidez en el idioma) y empezar a caminar y caminar. Se acabó otro día, y las cosas siguen iguales. No tengo trabajo, y tampoco casa definitiva. Pero llego a mi habitación, en donde hay solo 2 camas y no menos de 15 valijas, y me encuentro con gente que al menos por un rato, me hace olvidar las preocupaciones. Charlas, ideas, novedades. Viendo peleas de “vale todo” en la tele mientras tomamos un buen Fernet que no olvidamos llevar desde Argentina. Fueron 7 días. 7 largos, eternosssssssssssssssssss días. Pero finalmente, todo parecía ir tomando forma. Llegaron las fiestas,  una navidad y un año nuevo, sin duda alguna, totalmente diferentes.

Empezó enero. Empezó realmente el viaje. Oficinas, jacuzzi, Cascade Resort & Spa, Schedule, siesta, Highway, Transportation Center, Golden peak,  Sky bar, West Vail, Charter Sports, Avon, Valet, Vail Sports, 8150, gym, snowboard, Ford park, Blue sky, Chair 5, Lionshead, HR office, Pepsi Center, passport, Intown, Vail Village, Cover Bridge Store, Starbucks, desayunos, sky pass, chicken wings, coors light, eco pass…

El “Martin, what are you doing, come here!!”de Bob, la rosarina que me tiraba onda y luego me histeriqueaba en Sandbar, Víctor recriminándome que no me había afeitado, Santi haciendose el gil y quedándose con propinas nuestras, Mildren enojada porque hacíamos muchas horas extras, Angoro llamandonos por radio y nosotros durmiendo con resaca, careteandola en “take five” para poder comer dos veces el mismo día, y un sinfín de historias y anécdotas, que lamentablemente no puedo seguir detallando. 

Me llevo lo mejor de lo mejor. Me llevo gente, me llevo amigos, me llevo experiencias y aprendizajes invaluables. A muchos de ellos no los he vuelto a ver, o no veo con tanta frecuencia, pero han marcado mi vida. “Recuerdos que no voy a olvidar, personas que me quiero llevar…”

Ah, y obviamente, al lugar donde fui feliz, definitivamente si que volví… y por segunda vez, se equivocó Joaquín.